A propósito de las elecciones de directiva de la Juventud del PPD, desmotiva ver un proceso eleccionario que no ponga en el juego del debate: discursos y programas centrados en la Juventud chilena; desilusiona ver un proceso eleccionario privativo del propósito de tener una colectividad representativa de un sector de la sociedad; propósito que debería estar antes que cualquier ambición de cuota política. Es así como arrojo algunas ideas y argumentaciones sobre como deberían concebir la colectividad los futuros dirigentes (si mi suposición, empíricamente inválida, está errada y realmente lo que acabo de decir es rotunda mentira, no es necesario que usted continúe leyendo).
Al respecto cabe traer a colación consensos teóricos en torno a algunas características que la juventud chilena presenta al iniciarse el siglo XXI, y que sirven de base para establecer lineamientos básicos de acción que la JPPD puede desarrollar de aquí al Bicentenario, para convertirse en un actor social más influyente.
La primera característica es la inseguridad por el futuro, producida, entre otros factores, por la incertidumbre que genera el mercado laboral competitivo e inaccesible para aquellos que cuentan con poco capital humano o magros niveles educativos.
Parte de la justificación de la inseguridad ante el futuro tiene su raíz en la falta de acceso a una educación de calidad para los jóvenes de estrato socioeconómico bajo; en este sentido el nuevo ministro de Educación ya manifestó públicamente que el énfasis de aquí al futuro debe girar desde la “cobertura”, hacia la “calidad”. Interpreto que las palabras de Zilic son una crítica escondida a todas las administraciones precedentes que bajo el alero democrático y reformista postularon desde 1990 que la educación chilena debía apoyarse en dos pilares: en la “Equidad”, y en la “Calidad”, la misma que hoy se demanda.
Y si bien, desde un punto de vista progresista, no corresponde creer ciegamente en un modelo educativo netamente estatal que atente contra la libertad de enseñanza, como tampoco en un modelo de mercado, menos aun debemos creer ciegamente en el actual modelo que tenemos, en el cual el patrimonio educacional estatal es sinónimo de mediocridad y el patrimonio educacional de excelencia es sinónimo de un grupo sin carencias económicas (de lo contrario la mayoría del red set matricularía a sus hijos en liceos municipales, y no precisamente en el Saint George’s o el Carmela Carvajal)). La falta de una Educación equitativa en cuanto a la calidad se relaciona con que muchos de los jóvenes que están en edad de cursar estudios superiores no lo pueden hacer por falta de recursos económicos y porque su prioridad es trabajar. Situación que esperamos se mitigue a partir de la ley en que el Estado funciona de aval en el sistema acreditado.
A pesar de ello, dentro de este importante debate nacional se ha obviado la responsabilidad que les compete a las universidades que dentro de sus planteles educacionales tienen facultades o escuelas de pedagogía. Nadie ha hecho hincapié en la calidad de enseñanza que hoy están recibiendo nuestros futuros pedagogos. Nadie ha puesto el acento en lo poco realizado por los gobiernos de la Concertación para mejorar la calidad en este campo que, principalmente, está cubierto por las universidades estatales que hoy albergan a las otroras escuelas normalistas, las mismas que representaron hasta antes de 1973 la tradición docente más antigua de Latinoamérica.
No podemos pretender romper el círculo de la desigualdad de oportunidades, mientras el Estado no se preocupe de formar sin discriminación profesores de excelencia. Una carrera como ésta, por principio ético, debe quedar fuera de toda regla mercantil. No es posible concebir que este tipo de Escuelas puedan cerrar si no son demandadas por el mercado; un joven de Arica, Temuco, La Serena o Santiago deben tener la certeza de que si quieren estudiar pedagogía no existen distingos de calidad entre una universidad y otra; y por ende, la sociedad debería tener la certeza de que los profesores que enseñan en Putaendo o La Condes son igual de buenos. Y al decir “sin discriminación”, me refiero a la equidad de calidad que debe existir tanto en las escuelas pedagógicas de instituciones estatales como de privadas.
La inseguridad por el futuro también se conjuga con la falta de equidad en las posibilidades para desarrollarse en áreas como la cultura, el arte y el deporte, que bien podrían ser fuentes laborales profesionales y que por su escasez generan frustración de muchos adolescentes. En suma, aun falta por democratizar los mecanismos que permitan un mayor logro de realización vocacional.
El Individualismo (Touraine, 1991) es otra característica de la juventud chilena, inserta en una sociedad que sobrevalora el premio al esfuerzo, siempre enmarcado por la competencia desigual existente. En este sentido, según la última encuesta del INJUV (2003), los jóvenes dijeron que los principales rasgos de su país eran: “el consumismo” y “la falta de igualdad de oportunidades”. En otras palabras, interpreto que la individualidad en nuestra generación existe por el deseo inconsciente de satisfacer aquella necesidad inculcada por la “televisación” de la vida y por nuestros esfuerzos de hacer realidad aquella imagen que nos venden las marcas de jeans, zapatillas, automóviles, y que naturalmente no está al alcance de todos a menos que, vayamos al “Persa Estación” y compremos la imitación.
La tercera característica es el desencanto con la Política y con quienes la ejercen, debido a que no son objeto de identificación juvenil. Si en 1988 los jóvenes representaban el 36% del electorado, hoy no sobrepasamos el 17%; además sólo 1/3 de la juventud según el mismo estudio de INJUV reconoce tener una identificación política. Este desencanto los aleja del entendimiento de los procesos políticos y sus coyunturas. Como justificación a esto tenemos que hoy, a diferencia de hace 20 años atrás, la división política del país hace rato dejó de girar entorno a la dictadura de los colores, y por el contrario, nuestro proceso de Transición y Reconciliación ha tenido mucho de olvido, y de desafección con los temas nacionales por parte de la ciudadanía, debido a que estos son resueltos por la aristocracia y tecnocracia políticas.
Consideremos también que la exitosa marcha económica del país y la apertura cultural que estamos viviendo obnubilan en el horizonte las grandes motivaciones por las que los jóvenes se puedan agrupar. En otras palabras, la ciudadanía se pone a observar como las cosas se van solucionando con el natural cause de las cosas, sin mostrar mayor interés en involucrarse seriamente en las soluciones.
En suma, el gran cuestionamiento que hoy debemos plantearnos como jóvenes ligados a la política es: ¿por qué organizarse hoy en día, cuál es la bandera de lucha que pueda motivar a un joven a participar en política, o mejor aun, que pueda aglutinar bajo una misma consigna a la diversidad juvenil, una diversidad que además es insegura ante el futuro, se forja en la desigualdad educativa y es individualista? De lo contrario cabe preguntarnos: ¿es necesario unirse hoy para lograr algún objetivo social común; no será mejor prepararse para aprender a administrar y perfeccionar el actual estado de las cosas, junto con preocuparse de tejer una sólida red de contactos políticos?.
Estas tres características de la Juventud (inseguridad, individualismo y desafección política) se relacionan en mayor o menor grado, con las condiciones que existen en Chile para crear capital humano competitivo -he aquí entonces una eventual bandera de lucha. Dichas condiciones a su vez, no sólo deben estar determinadas por una reforma educacional emanada desde el oficialismo en sus cuatro niveles (básico, medio, superior y prebásico), sino que tienen que complementarse con el enriquecimiento cultural de los jóvenes chilenos, el cual debe instalarse en el debate desde la propia ciudadanía o mejor aun, desde la Juventud chilena. En contraposición a esto, la opinión pública y el Estado muchas veces olvidan que la competitividad de capital humano se crea con sujetos activos, emprendedores y por sobre todo con sujetos que sean crítico-argumentativos de su propio entorno.
Es así como una juventud política progresista debiera tener en cuenta estas tres características para fundamentar su accionar político.
Con relación a la inseguridad y la falta de equidad, la política se podría utilizar entorno a:
1) La reducción de los precios de los libros, a través de la venta libre de impuestos para menores de 29 años. O bien, crear una propuesta con otras organizaciones ciudadanas que se centre en una tasa diferenciada según grupo etáreo, socioeconómico, lugar geográfico u otro.
2) La edificación de bibliotecas públicas modernas y bien dotadas en cada una de las regiones de Chile, en las cuales se incluya un archivo de la prensa escrita nacional.
3) La calidad entre las instituciones de educación superior estatales regionales derivadas en comparación con las instituciones metropolitanas y privadas, especialmente las áreas de Formación Inicial Docente, a objeto de contribuir con la descentralización del país.
Con relación al individualismo, la política se podría utilizar entorno a:
1) La integración a la sociedad chilena de las minorías discriminadas.
2) Un Pase Escolar Nacional que permita a los colegiales y universitarios chilenos movilizarse por el transporte público de todo el país con tarifa especial, por motivo de actividades educativas, deportivas, federativas, entre otras; o acaso ¿un escolar de Montepatria no tiene derecho de pagar $100 en el Metro?
Con relación a la desafección política, nuestras acciones las podríamos enfocar hacia:
1) La concreción de la inscripción electoral automática y el voto voluntario.
2) La profesionalización de la política a través de la creación de un sistema que destine recursos estatales a los partidos políticos o fundaciones ligadas a estos, a fin de que sean destinados a una formación de calidad y continua para los políticos y líderes del futuro.
3) La legalización de la marihuana, cuyo soporte sea la autoprovisión controlada y la difusión del consumo responsable, a fin de disminuir el tráfico ilegal y la delincuencia que se genera entorno a ella.
4) El término del Servicio Militar Obligatorio, y que a la vez, su mecanismo sustituto tome en cuenta la modificación del sistema educativo militar para los conscriptos, en el cual se incluyan los Derechos Humanos y un modelo que no se base en el castigo - recompensa (llamados también en jerga militar “aporreos”).
Unidad de Análisis y Estudio
Junto con hacer política fundamentada en temas que se trabajen de aquí al Bicentenario. Es necesario contar con un mecanismo que permita irrumpir y reaccionar a tiempo y responsablemente ante la opinión pública cuando la coyuntura lo exija.
Es así como la Unidad de Análisis y Estudio de la Juventud junto con encargarse de dar instrucción a nuestros militantes, debería constar de tres sub unidades más:
a) Sub unidad de seguimiento de prensa escrita, cuyo objetivo sea revisar la prensa diaria, establecer los contactos con los medios de comunicación y realizar los comunicados de prensa cuando sea necesario.
b) Sub unidad de seguimiento legislativo, que tenga como función estar al tanto de los proyectos de ley que tengan implicancia con la Juventud Chilena en cuanto al contenido del proyecto ley, de las observaciones y trámites legislativos.
c) Sub unidad de seguimiento y coordinación de Organizaciones Ciudadanas, que se encargue de establecer los contactos con las diferentes organizaciones que defienden o luchan por causas específicas, tales como: Derechos Humanos (incluyendo los de tercera generación), medio ambiente, mujer, minorías, ciclistas, entre otras.
Cabe hacer hincapié en que estas ideas no se forjaron con la ambición de convertirse en banderas de lucha que intenten aunar a la diversidad juvenil bajo consignas sociales, ni menos para convertirse en la inspiración de un verdadero programa político para una Juventud. Estas son solamente ideas para desarrollarme como libre pensador dentro de una colectividad política que me deja serlo y que no me margina por difundir las pelotudeses que se me ocurren. Fueron también hechas para ser leídas a medias, para recrear un poco la mente y por sobre todo para seguir con el normal curso de nuestra veta política.
Claudio Coloma
Militante JPPD
abril de 2006